Tal vez no duela tanto ser feliz.
Será que el miedo es una rata,
un espasmo del pasado,
una precaución peligrosa,
algo que nos metieron a la fuerza
y se hundió demasiado.
Las excusas quieren adormecerme
hasta que no valga la pena respirar.
¡Es tan fácil sentirse
incómodamente a salvo
recostado en el cadáver de tu futuro!
Pero la salida existe.
Hay un otro lugar donde el descanso es pleno
y las heridas más fuertes.
Si es preciso para hallar la puerta,
me hundiré hasta el cuello en el dolor.