¿Por qué la Historia debe ser contabilizada, ordenada en números de valor creciente, reducida a un desfile de cifras que nace en un pasado fundacional? Estas reflexiones (o algo parecido) debieron rondar por la cabeza de Julio Alberta mientras tomaba mate en la legendaria mañana del primero de enero del año 1000 Antes del Gran Acontecimiento.
Meses antes, en el Congreso de los Sabios, postuló su obra maestra: la Ley de Reinicio de los Tiempos. Como su nombre lo indica, proponía reiniciar el calendario nacional, que ya marcaba el año 10.478 DF (Después de la Fundación). Todo el país Termecio deseaba cambiar el calendario desde hace siglos, más aún cuando la “Fundación” se refería a la ciudad de Nuscapar, desaparecida siete civilizaciones atrás y a miles de kilómetros de distancia. Pero nunca se ponían de acuerdo sobre qué hito histórico usar como inicio de la nueva era. Lo más lógico era elegir la fecha de independencia termecia, pero esta fecha estaba muy asociada al Partido Irreverente, lo que escandalizaba al Partido Anticasual. Éste último proponía usar la fecha de derrocamiento del más controvertido dictador de la nación, pero esto irritaba a los irreverentes, pues reivindicaban (al menos parcialmente) su mandato. Además, se tenía la esperanza de convertir el nuevo punto de referencia histórica en algo mundial; al fin y al cabo las demás naciones enfrentaban problemas similares con sus calendarios.
Julio Alberta solucionó el conflicto proponiendo que al momento de inaugurar el calendario se le llame año mil AGA (Antes del Gran Acontecimiento) y que el Acontecimiento quede a cargo de las futuras generaciones. La idea despertó euforia. Fue aprobada por unanimidad y erigió a Julio Alberta en un prócer. Quizás fuera por el cansancio ante un debate interminable, pero el resto de países decidió sumarse a esa propuesta extranjera casi de inmediato.
Una vez que el tiempo comenzó a correr en reversa y tras terminar los festejos (en algunas zonas se extendieron por semanas; de hecho, el país Labupto entró en recesión por festejar durante un mes entero), la vida cotidiana parecía haber vuelto a la normalidad. Durante algunas décadas la humanidad no se preocupó por el tiempo. Julio Alberta murió rodeado de gloria en el 972 AGA. Algunos fanáticos del prócer propusieron convertir su muerte (o su nacimiento) en la nueva fecha cero pero para la mayoría era una idea ridícula. Acaso habría sido una decisión sabia... ¡Cuántos desastres se hubieran evitado!
La muerte de Julio Alberta fue el llamado de atención para una humanidad que necesitaba planificar grandes hitos. Se sucedieron las estatuas, las biografías, los nombres de calles, las propuestas inverosímiles, como clonar al prócer o convertir a su sobrino en rey, ya que Julio Alberta no tuvo hijos. Aunque este proyecto absurdo no se concretó, sí tuvo éxito de forma simbólica.
El primero de abril del 755 AGA, la provincia de Matasco se separó de Termecio. Orgullosa de ser la tierra natal de don Julio, pasó a llamarse República Alberta. Deliberadamente, ese nombre buscaba generar un sentimiento de unión patriótica y (sobre todo) el convencimiento de que la nueva nación estaba destinada a la grandeza: sin dudas el Gran Acontecimiento tendría que ocurrir en ese país. Nadie lo creyó posible durante su primer siglo, signado por la crisis económica, los conflictos fronterizos y los gobiernos inestables. Pero todo cambió cuando el general Sinpuerta encabezó un golpe de Estado. Su imagen fue creciendo en admiración en la medida en que adoptaba medidas populistas y ocultaba sus múltiples delitos de lesa humanidad. Para bien o para mal, su gobierno prosperó y en el 20 de enero del 608 AGA, el país pasó a llamarse Imperio Alberto. El general Sinpuerta se declaró rey del nuevo Imperio: el Gran Albertador Sinpuerta. El país comenzó a conquistar territorios vecinos, apoderándose de recursos estratégicos y confiscando bienes para financiar más invasiones. El objetivo final era la conquista del mundo para el año 0.
El imperio avanzó lentamente pero con firmeza. Su fundación es considerada el punto de partida en la "Carrera por el Gran Acontecimiento", una serie caótica de proyectos que buscaban concretarse para el primero de enero de 0. La paz mundial, la creación del monumento más grande del mundo, la erradicación de todas las enfermedades, el primer viaje al espacio exterior... Los proyectos fueron tan variados como utópicos e incrementaron su número exponencialmente a medida que se acercaba la fecha límite. Uno de los que más destacó fue la profecía de la Iglesia Acontecista.
La Iglesia Acontecista se fundó oficialmente el 29 de Julio del 650 AGA, aunque ya venía expandiéndose desde varias décadas atrás. Su fundador, Goker Maiurd, profetizó que el futuro salvador de la humanidad nacería en el año cero. El Mesías nacería rodeado de luz, envuelto en un manto verde y bajo algún signo favorable de las estrellas. No fue el único en profetizar el nacimiento del Mesías, pero sí fue el único caso indiscutiblemente exitoso. Es conocido el fraude del falso profeta Quilsor, quien aseguró que el salvador nacería el primero de enero de 0 a la medianoche en la calle libertad al 1300 en la ciudad Florencio Zamora y que llevaría como apellido López. Su exactitud era sospechosamente alta para una profesía. Luego se descubrió que un amigo suyo, de apellido López, vivía en esa dirección y que pronto sería echado por no pagar el alquiler.
Las profecías de Goker Maiurd se convirtieron en textos sagrados para la iglesia acontecista. Durante siglos el culto se nutrió de promesas. Quienes aceptaran al futuro salvador en sus corazones serían revividos a su llegada, ocupando un lugar privilegiado en el nuevo paraíso terrenal. Irónicamente, tendrían un mejor trato que quienes llegaran vivos al año 0, lo que provocó que varios fanáticos se suicidaran en el año 1 AGA. Ese mismo fue el año con el mayor número de embarazos jamás registrado. Entre marzo y abril millones de parejas se amaron con la intención de engendrar al Mesías. Se sabe de mujeres solteras que salieron a la calle pidiendo a gritos que alguien las posea, convencidas de ser las elegidas por Dios.
Estas concepciones irresponsables al menos tenían la salvedad de ser proyectos creadores, de estar (en alguna medida) relacionadas con el amor. No fue el caso de las Sectas del Fin del Mundo. El nombre es polémico, ya que agrupa a organizaciones terroristas de distintos países, épocas e ideologías y que sólo tienen en común el deseo de convertir el Gran Acontecimiento en un acto destructivo. Desde hacía tiempo se temía que el Gran Acontecimiento fuera alguna especie de cataclismo. Pero algunas personas veían esa destrucción futura como una purga necesaria que renovaría el mundo. Fue así como comenzaron a surgir grupos organizados. El primero del que se tiene conocimiento es la Organización del Odio de Dios. A fines del 389 AGA sus miembros masacraron un pueblo pequeño en el país Facziz. Decían estar preparándose para destruir el mundo en el año 0 y con ese objetivo aniquilaron dos poblaciones más hasta que fueron exterminados en una emboscada del ejército. Más difícil de frenar fue la Cruzada de la Vida Nueva, que entre 302 y 296 AGA mató a treinta y dos mil personas en todo el mundo mediante sigilosos atentados nocturnos.
Tradicionalmente se divide a estas sectas en graduales y previsoras. Las graduales eran aquellas que abogaban por una destrucción del mundo lenta pero sistemática que se vería terminada en el año cero (las dos sectas ya mencionadas integran esta categoría). En cambio, las previsoras eran aquellas organizaciones que buscaban destruir el mundo de un solo golpe el primero de enero del año cero, o al menos causar el mayor daño posible. Los preparativos podían tomar varias décadas y los métodos eran innumerables: creación de ejércitos, pactos suicidas multitudinarios, propagación de plagas, destrucción del medio ambiente, extinción de la mayor cantidad posible de especies, investigación de nuevo armamento bélico masivo... En la nación de Openhiro llegaron a diseñar una bomba de uranio capaz de destruir una ciudad entera pero no encontraron la forma de transportarla con seguridad. Se barajó la posibilidad de construir la bomba en la ciudad objetivo para luego detonarla pero, tras arduos debates, se concluyó que la idea era una reverenda pelotudez.
La bomba de dinamita refinada (creada por científicos de la República Alfrebel) era menos poderosa pero más fácil de producir y usar. El 2 de enero del año 0 fueron detonados cientos de estos dispositivos en seis países distintos. Lo ideal habría sido detonarlas el 1 de enero pero los terroristas querían festejar año nuevo con sus familias.
Todos los proyectos que hemos mencionado tienen un denominador común y ese es probablemente el verdadero Gran Acontecimiento: la crisis económica y social.
Porque todos los planes requerían dinero. Muchos países se endeudaron más allá de sus posibilidades, ya sea para crear un monumento más colosal que el de sus competidores o para financiar la guerra con sus vecinos. Ni siquiera el Imperio Alberto pudo escapar al endeudamiento. Para el 200 AGA ya había conquistado medio continente pero aún no podía derrotar a su vecino Termecio. La batalla de Chiva Bizca terminó en una derrota aplastante para los albertarios que frenó indefinidamente su expansión. Con un ejército diezmado y sin nuevas territorios para saquear, el Gran Albertador Conmesa Tercero pidió el primero de muchos préstamos para parchear la economía del imperio. Algunos historiadores sugieren que el verdadero Gran Acontecimiento fue la adquisición de poder por parte de los prestamistas, quienes intervinieron cada vez más en las decisiones políticas de casi todos los Estados, promoviendo medidas de austeridad para asegurar el pago de su deuda. La pobreza y la delincuencia aumentaron exponencialmente, alcanzando niveles inauditos a partir del año 1 DGA, cuya superpoblación infantil dinamitó cualquier proyecto económico.
En las vísperas del año cero, el clima general (que debía ser de alegría y regocijo) devino en angustia y desesperación. No sólo los estados se encontraban gravemente endeudados, sino que muchas empresas habían caído en bancarrota, por no hablar de las poblaciones arrasadas por la guerra. Quizás el fenómeno más llamativo a la vista eran las ciudades fantasma: proyectos megalómanos abandonados antes, durante o incluso después de su construcción. La mayoría eran ciudades proyectadas durante el siglo I AGA. En ese entonces se puso de moda acudir a un lugar deshabitado, clavar una bandera y proclamar la futura fundación de una ciudad legendaria. Sólo el veinte por ciento de eso fundadores volvió con trabajadores para comenzar las obras de urbanización. La mayoría se conformaba con el mero acto inaugural. En su pico de moda, las banderas fundacionales aparecían clavadas en cualquier lugar, incluso en medio de ciudades ya existentes. Cada ciudadano era poseedor de una urbe hipotética por cuya edificación no estaba dispuesto a mover un dedo. Las ciudades que sí se construyeron tenían entre una y cien hectáreas, todas ellas abandonadas en distintas etapas de su construcción. Las mega ciudades más utópicas comenzaron a construirse entre el siglo III y el II AGA. Algunas incluían murallas tan ostentosas como innecesarias. Otras proyectaban tener varios castillos, jardines imposibles o formas geométricas obsesivamente detalladas. Cabe destacar las ciudades con forma de animales. La más famosa es Carpinchia, el megaproyecto ribereño que no sólo tenía forma de carpincho, sino que en sus calles los humanos convivirían pacíficamente con esos roedores. Hoy es una reserva natural para carpinchos pero en su momento fue un proyecto serio con cientos de propiedades vendidas. Su construcción fue abandonada en el 8 DGA, por falta de presupuesto y por haber excedido la fecha prevista. Sólo los más obstinados se mudaron a unas casas a medio construir, circundadas de capibaras y a cincuenta kilómetros de la población más cercana. El plan de crear la mejor ciudad del mundo y fundarla en el año cero fue una obsesión masiva que decayó cuando sus financiadores comprendieron que no se terminaría para la fecha del Gran Acontecimiento. Las que sí se terminaron a tiempo tenían problemas estructurales demasiado evidentes debido a la prisa y escasez de recursos (casas que se caían a pedazos, paredes torcidas, calles tan mal trazadas que tenían casas en el medio, hundimientos, inundaciones, ausencia total de carpinchos, etcétera). Acontecia fue la única de estas urbes en ser habitada pero no duró mucho tiempo: la crisis económica, las guerras entre narcotraficantes y (sobre todo) la fiebre del oro desatada en la provincia de Jodesierra provocaron la migración de prácticamente toda su población. Casi de un día para otro, la que prometía ser una gran metrópolis adquirió el mismo paisaje de las demás ciudades interrumpidas: un puñado de casas habitadas, una gran extensión de terreno vacío y una inmensa sensación de soledad.
Parecía como si Dios odiara los proyectos del año cero, lo cual es irónico, porque en su nombre se produjeron algunas de las mayores masacres del Gran Acontecimiento. Para el año 1 AGA la iglesia Acontecista se había convertido en el culto más extendido y poderoso del mundo, tanto que ya tenía distintas ramas y sectas. De entre ellas destaca el Tempranismo, el cual postulaba que el mesías ya había nacido hace décadas y que en el año cero se revelaría ante el mundo. Más exótico fue el Adentrismo, con su propuesta de que el mesías en realidad es la fe en nuestros corazones, de manera que el Gran Acontecimiento consistiría en un incremento repentino de esa fe en todo el mundo. Y no podemos dejar de mencionar el Deotroplanetismo, cuyos escasos fieles estaban convencidos de que el mesías era un extraterrestre que descendería de los cielos en el año cero.
La rama central del acontecismo estuvo expectante todo el año 1 AGA, buscando embarazadas con algún signo auspicioso. La noche del 31 de diciembre de ese año más de cuarenta mil partos fueron presenciados por representantes de la iglesia. Registraron cada detalle y enviaron un informe a la sede central. Los líderes no pudieron elegir un mesías debido a que todos los bebés parecían serlo. La profecía hablaba de un recién nacido rodeado de luz, envuelto en un paño verde y bajo un signo favorable de las estrellas. Por eso cada madre exigía que la habitación del parto estuviera bien iluminada y que el recién nacido fuera envuelto en un manto de color verde. Nadie sabía cómo interpretar lo del "signo favorable", de modo que la mayoría de las parturientas pujaban junto a la ventana abierta, a la vista de las estrellas. Pero eso no era suficiente: cualquier estrategia era válida para tener un hijo mesías: algunas mujeres entonaron himnos acontecistas durante el parto, otras intentaron parir en un lugar sagrado (como una iglesia o sobre la tumba de un sacerdote canonizado. Hay registro de tres docenas de partos en cementerios). Una mujer se había tatuado la profesía de Goker Maiurd en todo el cuerpo. Cierta millonaria hizo construir un monumento conmemorativo específicamente para parir en él ese día (lamentablemente dio a luz el 4 de enero pero al menos el monumento era muy lindo). Cientos de mujeres parieron en medio de la naturaleza, aduciendo que el manto verde era pasto. Entre la multitud de nacimientos se cometieron muchas atrocidades innombrables. Muchas mujeres quedaron embarazadas contra su voluntad y hubo demasiadas cesáreas, tan apresuradas como irresponsables, tan irresponsables como trágicas. El mismísimo Gran Albertador de esa época, Casitecho Quinto, embarazó a decenas de mujeres en los meses estratégicos para asegurarse de que al menos una de ellas diera a luz en la noche profetizada. Su vigésimo hijo nació en el día del Gran Acontecimiento a las 01:27 horas: Todomueble Primero, heredero al trono y el único mesías rey de una nación. Todos sus hermanos nacidos y por nacer desaparecieron simultáneamente una semana después en circunstancias misteriosas.
Los cincuenta y tres potenciales herederos al trono alberto fueron dados por muertos, sumándose a los miles de bebés fallecidos por nacimiento prematuro que se registraron en el mundo. Sus muertes sólo fueron el preámbulo de las "Guerras de los Profetas". Mientas el calendario comenzaba a avanzar con números positivos, miles de madres en todo el mundo reclamaban a su hijo como el único e incuestionable mesías. Y no hablamos sólo de los partos corroborados por la Iglesia Acontecista, sino de miles de nacimientos milagrosos incomprobables o que se contradecían descaradamente con los registros. Los líderes de la Iglesia no se pusieron de acuerdo respecto a quién era el verdadero mesías. La rama central declaró como verdadero salvador a un niño tremencio de nombre Lutie, mientras que varias ramas disidentes eligieron su propio mesías, generando un cisma múltiple y caótico. Cuando el pequeño Lutie murió de neumonía a la edad de dos años, se formaron nuevos cismas dentro de la rama central y aparecieron otros cuatro salvadores.
Los niños a quienes proclamaron mesías fueron criados en las mayores comodidades, el más estricto fervor acontecista y (sobre todo) con el peso de ser ellos quienes originaran el Gran Acontecimiento. Esa presión llevó al suicidio de tres mesías, en los años 14, 15 y 17 DGA respectivamente. Los líderes de sus sectas los reemplazaron aduciendo que el difunto era un falso enviado y que ahora sí habían elegido el verdadero salvador. Pero sus justificaciones eran innecesarias, ya que la mayoría de los fieles sólo buscaba alguien en quién creer, sin importar que sus legitimidad fuera una farsa evidente. Quizás por eso se multiplicaron los mesías autoproclamados. Cada uno atraía miles de fieles y servía de inspiración para que otro salvador quisiera imitarlo. Pronto comenzaron las disputas, la acusaciones, la peleas. Al principio eran guerras de pandillas, luego combates más organizados y finalmente guerras a gran escala. Cada mesías comandaba su propio ejército. Era necesario destruir a los falsos elegidos que invocaban el nombre de Dios en vano.
Las Guerras de los Profetas arrasaron el mundo durante décadas, generando millones de muertos y la ruina de incontables países, que (ya debilitados por la crisis económica y la guerra internacionales) no pudieron soportar una guerra interna. En este contexto la desgracia del país Bunizuta se volvió proverbial. Su gobierno debió luchar contra la invasión alberta mientras trataba inútilmente de contener una guerra civil que generaba muchas más bajas. Al mismo tiempo Bunizuta se volvió el blanco predilecto de varias sectas del fin del mundo. Cada cierto tiempo un pueblo entero volaba por los aires, víctima de distintas bombas experimentales. A esto debemos sumarle la "albertela", una arma biológica creada por la Secta del Virus Salvador y que fue liberada en la capital del país, matando más bunizutanos que todas las guerras juntas.
Los mesías se convirtieron en líderes militares y sus batallas religiosas tomaron el relevo de las guerras entre países. No daremos detalles de los millones de muertos ni de las crueldades cometidas. El mundo entero parecía haber caído en la barbarie absoluta y podría haber seguido así para siempre si no fuera por la caída del Imperio Alberto. El 23 de febrero del 87 DGA la capital imperial fue reducida a cenizas por la Coalición Sagrada, la alianza de seis sectas mesiánicas que se destruyeron entre sí apenas tuvieron oportunidad. El cráneo de Puroalberto Segundo, el último Gran Albertador, fue usado como corona por el mesías Quilombariel durante el resto de su vida (es decir, un año y medio). Para el 91 DGA sólo quedaban ejércitos diezmados, poblaciones arrasadas y un ansia de paz insoportable. El tratado del año 92 marcó el inicio de una nueva era. Los pocos países en pie comenzaron una lenta reconstrucción y (más importante aún) iniciaron los famosos Debates del Gran Acontecimiento. La incipiente paz mundial requería de acuerdo unánime: ¿cuál fue el Gran Acontecimiento? Ningún hecho acaecido en el año cero tenía tanta importancia para considerarse un antes y un después en la historia, ni siquiera el nacimiento de los mesías. Ninguno de ellos destacó lo suficiente por encima de los demás: todos fueron el catalizador de un público fanático que quería destruir en nombre de algo.
Se debatió entre tres propuestas:
1) el Gran Acontecimiento fue la caída del Imperio Alberto.
2) el Gran Acontecimiento fue la firma del tratado de Paz.
3) el Gran Acontecimiento no es relevante y el calendario no debe modificarse aunque no haya un hito que lo justifique.
Lamentablemente no hubo acuerdo y cada país adoptó un sistema distinto. Los pocos que conservaron el calendario antiguo se encontraban en el año 95 DGA. Quienes contaban a partir de la caída del imperio estaban en el año 8 Después de Alberto. Muchos países decidieron crear su propio sistema de calendario inverso. Así, en el país Rhamelá se comenzó a contar desde el año 1000 AGA RHAME, en Ralatoda comenzaron desde el 500 AGA RALA, en Chatevos inauguraron el calendario AGA CHATE. Ykon Oceloh tomó una decisión más radical y en ese país se anuló el tiempo: no se contaron más los días, nadie más cumplió años, las personas recobraron la eternidad. Su sistema, aunque mejoraba notablemente la calidad de vida de sus ciudadanos, no era práctico, sólo era viable en su país de origen y no pudo adoptarse en otras naciones.
Los desacuerdos provocaron nuevas divisiones y para el año 133 DGA (o el 46 DA, o el 983 AGA RHAME, etcétera) cada provincia de cada país tenía su propio calendario. Las confusiones generaron desacuerdos y los conflictos entre naciones derivaron en guerras.
Hoy cada provincia lucha por imponer su calendario en las demás y luego en los países vecinos. La guerra total parece inevitable pero en la nación Leonaria surgió una esperanza que promete extenderse al mundo entero: el general Agosto Roberta aprobó la Ley de Arqueologización del Tiempo. Según ésta, el año en curso es el 100.000 DGE (Después del Gran Evento). El Evento es un hecho hipotético ocurrido en una época previa a la escritura y el deber de la Humanidad es buscar las pruebas de que existió ese hito. Los leonarios escarban en busca de cuanta reliquia sea posible. Cada provincia se disputa la esperanza de ser ella en la cual alguna vez se llevó a cabo el Evento, en algunos casos llegando a pequeñas guerras civiles que seguramente no escalarán. Los más dogmáticos proponen que las pruebas del evento son irrelevantes, que el Gran Evento ya es una verdad irrefutable por el solo hecho de decidirlo Roberta. Y, aunque cunden los huérfanos y los desamparados, víctimas de la obsesión casi religiosa por la arquelogía del evento, el general Agosto Roberta augura un futuro brillante a este pueblo y a los pueblos vecinos que empiezan a adoptar el Gran Evento, ya no como calendario, sino como objetivo vital.
Las pesquisas arqueológicas aún no dieron frutos. Lo más antiguo que se encontró fue un fragmento de tablilla en boligrepeteo antiguo de hace 13.000 años. Al ser muy posterior al año buscado no se le prestó atención. Sólo conservaba el siguiente fragmento:
…y para evitar estas inútiles guerras, el calendario iniciará con la futura inauguración de Nuscapar dentro de...