Una parte de mí
vive frente a un buen paisaje.
Una parte muy valiosa de mí
sólo existe en las montañas.
Es angustiante
saber que normalmente no soy todo yo,
que sólo estoy completo esos pocos días del año
en que un húmedo asombro se interpone
entre mis ojos y los cerros.
Pero también me reconforta
saber que soy inmortal.
La parte más valiosa de mí continuará
hasta que se rinda la última montaña.
¿Quieres encontrarme?
Ve a desarmarte frente al atardecer entre las piedras.
Me verás en el último resplandor naranja,
en el derrame de las primeras estrellas sobre el viento,
en la paciencia con que el silencio sueña despedazarnos.
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