A vos, que me amás:
gracias por llenarme los huecos del alma.
A vos, que alguna vez me amaste;
a vos, que fingiste amarme y me lo creí;
a vos, que no amé pero me hiciste sentir amado:
gracias por llenarme los huecos del alma.
A vos, que volcaste en mí (y a veces sin notarlo)
la palabra amable, el buen consejo, la paciencia innecesaria,
el perdón que consuela, la complicidad que refresca,
el huracán de dignidad que rompe los miedos,
cualquier frase, cualquier gesto
que me recordara que no soy
un cuadrado gris al costado de la historia:
gracias por llenarme los huecos del alma.
A vos, que no te conocí pero te presencié
y me caíste bien,
a vos que deseás lo mejor para todos,
incluyéndome sin saberlo;
a vos, que vivís soñando fuerte,
riendo mucho, creciendo siempre,
abriendo mentes, cimentando un dulce futuro
que nunca te conocerá, si es que existe:
gracias por llenarme los huecos del alma.
Y sobre todo
a vos, que me amás (y yo te amo):
gracias por llenarme los huecos del alma.