miércoles, 31 de agosto de 2022

Continuidad de las Clases

 

‒… Y esa es la consigna de hoy. Los dejo resolverla; pueden preguntarme lo que no entiendan.

‒Profe, ¿cómo se llamaba el cuento?

‒Continuidad de los parques.

Listo: la parte más trabajosa de la clase ya está hecha. Ahora sólo debo recostarme frente a mi escritorio, fingir que corrijo o que preparo tareas o que resuelvo complicados e ininteligibles papeles de docente. Pero en realidad me afano en mi diario. Escribo porque siento, pero lo que siento ahora (y en cada instante dentro del aula) es miedo. Resultó ser una buena idea escribir mis sentimientos, desahogar en el papel el terror que me desarma, crear un muro dentro de la misma docencia donde ella no existe, donde me gano el sueldo sin esfuerzos extra. Tal vez podría continuar escribiendo aquel cuento o intentar un poema. Podría…

Profe.

No entendí la uno. Bueno, vos tenés que pensar por qué lee el protagonista. Vos ¿para qué leés esto? ¿Por diversión? ¿Por obligación? ¿Por aburrimiento? ¿Para quedar bien con alguien? ¿Para escaparte de la realidad? ¿Para qué? Él se sienta en ese sillón a leer, intenta concentrarse en algo, escaparse de algo, leer para algo… ¿Para qué lee? Y al final ¿consigue eso que buscaba al leer? No sé si queda más claro. Sí: gracias, profe.

¡Qué cagazo tenía en las primeras clases! No dejaba de preguntarme para qué me metí en esto. Fue este diario lo que me salvó; la primera vez escribí tres hojas enteras apenas volví a casa. Aunque a veces me pregunto por qué sigo escribiendo si el mayor susto ya pasó; ahora sólo me queda un miedo cada vez más debilitado por la rutina. Bien podría leer un libro, total estoy dando un ejemplo como lector, y dejar la escritura creativa para la comodidad de mi hogar. O podría tan sólo preparar clases hasta que suene el timbre: restringir las obligaciones laborales a su propio límite para que no invadan mis horas de ocio. Por cierto, este sábado podría salir a…

Profe.

En la dos tenés que pensar al menos dos interpretaciones posibles para el final. Viste que no queda claro cómo termina. ¿Vos cómo lo interpretaste? Sí, ese está bien. Ahora deberías pensar otra interpretación, tal vez una más realista.

¿Y por qué me metí en este trabajo en primer lugar? Era lo mejor que tenía a mano, lo sé, pero ¿había algo más? Tuve profes en la secundaria a los que recuerdo con mucho cariño. De hecho, la primera vez que leí “Continuidad de los parques” fue con la profesora Castillo y me produjo…

Profe.

Tu respuesta no está mal pero la idea es que uses más tus palabras y no copies tal cual del cuento.

Están respondiendo bien la uno. Creía que les iba a costar más.

Profe.

En la uno, vos tenés que…

Profe...

PROFE.

 

Profe, terminé.

Dos respuestas excelentes y una alumna que nunca me pidió ayuda. Sabía que era inteligente pero esto… Su interpretación del final jamás se me habría ocurrido.

Tomá, Camila: ya lo corregí. Están muy buenas tus respuestas.

‒Gracias. Me gustó mucho el cuento.

¿Cuándo fue la última vez que un alumno…? Me recuerda a mí mismo en la secundaria, sólo que era más taciturno y jamás hubiera sido tan honesto con un docente, ni siquiera con Castillo. Debería preparar la clase de la semana que viene o continuar mi diario o escribir cualquier cosa, pero no dejo de pensar en las respuestas de Camila y en aquella lejana clase con otra profesora de literatura, cuyo cuento también me cautivó pero nunca se lo dije.

Aún queda media hora de clases. Creo que ya escribí bastante.

Me levanto de la silla, casi siento ganas de tirarla contra la pared, como buscando derrumbarla.

‒¿Saben qué? Vamos a hacer una puesta en común en el pizarrón. Ahora quiero que alguien me responda, aunque dude, aunque tenga miedo, aunque diga un disparate o aunque no me guste la respuesta: ¿para qué lee el personaje?

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