Cada vez que un yo nuevo nace duele.
Porque desgarra a su predecesor: queda desnudo
en la fría inmensidad de su llegada,
desarma el cielo y me obliga a llorarlo.
Cada vez que un yo nuevo nace soy más verdadero,
más cierta es la puerta que atravieso temblando,
más lumínicas las palabras con que construyo el mundo,
más cerca de todo estoy.
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