No podemos detener la lluvia.
Ella sigue aplastándonos,
su humedad nos viola el alma,
cada vez más, cada vez a más de tus seres queridos,
cada vez más dentro de lo insoportable.
La lluvia continúa.
No podés secarte,
no podés cobijar a los mojados
sin empaparte hasta la locura.
Nos paramos bajo un techo
que apenas sirve para fingirnos secos.
Ella sigue golpeándonos como si le importara,
como si supiera que acá abajo somos alguien.
¿Cómo hago para decirte
que lo peor aún no ha llegado?
¿De dónde saco la fuerza
para fingirte esta sonrisa,
más falsa que el sol donde esperás cobijarte?
¿Cómo hago para convencerme
de que no quiero cubrirte,
cuando sólo deseo cubrirte
y que con tu cuerpo cubras a otros?
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