Los he visto (sonrisas plenas
que abren surcos en la realidad)
deslizándose por fuera de las horas.
He oído sus voces fluorescentes
grabando cada tiempo y cada piedra.
Avanzan resplandeciendo
en la noche más perversa.
Caminan sobre el pasto sin pisarlo.
Un hilo infinito los sostiene desde arriba.
Una humildad de carne los ancla entre los mortales,
los obliga a brillar tan blando que no nos incineren las
retinas.
Porque es un lujo encontrar a cualquiera de ellos.
Porque nadie sabe cuántas hojas de oscuridad
quiebra su propia mirada.
Porque a este día hay que vivirlo,
devorando el dolor,
rompiendo el miedo,
juntando toda la leña
en los páramos inmensos de nuestro cráneo.
Y vos... ¿qué criatura sos?
¿Desde qué círculo de la mente sintonizás con el universo?
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