Vos no sos esto.
No esta silla, no esta puerta cerrada,
no este cuadro de niebla
detrás de todas tus noches.
Vos no sos el miedo,
la tristeza, la bronca, la resignación.
No caminás por esta senda.
No te hundís en tu propia sombra.
No sos esta lágrima que cae
silenciosamente derrotada
en el eco imborrable de tus huesos.
Vos no sos lo que ellos hicieron,
lo que han dicho, lo que juzgaron,
la laguna infecta con que rodearon tu alma,
la tormenta de espejos que se estrella diariamente en tu cabeza.
Vos no creés en la derrota.
Vos no sos ellos.
Vos sos vos.
Vos querés ser vos,
indeclinablemente vos, seas lo que seas
y donde sea que existas ahí dentro tuyo.
Sos esa risa verdadera que se te atoró en un costado.
Sos tu sangre que quiere sentir su propia fuerza.
Sos una mirada fresca e indomable que derrota las paredes,
incendia los televisores
y avanza en un cortejo de tigres eléctricos.
Vos merecés tu propio deseo.
Vos necesitás perdonarte
cada herida, cada falta,
cada ruido, cada susto, cada prisa.
Ya te enloquece la necesidad de amarte.
Porque merecés amarte,
necesitás conocerte,
ansiás descubrirte.
Te debés la luz…
Muy bello
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