En el largo pasillo que me persigue
(ya no hay piedad en las esquinas,
una tormenta dentro mío) busco afuera,
caigo y duele.
Sé que existís en la carne.
Serás sólo vos
quien aplaque esta lluvia de paredes,
quien, en la claustrofóbica noche,
abra todas las puertas del mundo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario