Las cuchillas del paisaje cuando muerden mis ojos,
el mate que muere en mí al volver a casa,
la cerveza de cualquier encuentro,
el miedo de aquel exámen,
el húmedo candor de la tierra
desflorando mis pulmones,
la sonrisa de todo niño,
su juego tras una frontera a la que no podré volver nunca,
el cielo
(tan solo el cielo),
la danza de unas chapas insaciablemente mojadas,
la música reverdeciendo el tiempo,
un gato desmedido y sin dueño
que condesciende a ronronearme,
el grito violento de la poesía
incendiando todas mis hojas
y vos:
la inabarcable tibieza con que tu beso me desarma.
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