Ella entra a tu corazón y se lleva todo.
Vos tardaste en comprenderlo.
Ahora revolvés tus escombros
tratando de sentir algo.
Sabés que es pasajero,
que los pájaros volverán a latir
sin importar cuánto de ella ya no esté.
Pero el dolor es un camino innegociable:
te levantás cada día ante el horizonte,
esperando que los puñales se desgasten,
que el sendero de vidrios se marchite
y sólo podés seguir caminando hacia adelante.
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