Todavía puedo servirme.
Todavía valgo más que mi propia sombra.
Pero es difícil encontrarme:
me escondo en el presentimiento
de que renaceré tras esa puerta;
me busco más inservible
cuanto más me temo.
Sé que germinaré (¿pero cuándo?) desde este balcón
donde me desprecia sin piedad el tiempo.
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