(En agosto de 2023, Blender organizó un concurso para ganarse entradas para su show en vivo. La consigna era escribir una anécdota ficticia, bizarra y absurda con Guillermo Aquino. Mi historia no ganó el premio pero al menos fue divertido escribirla)
Un día me pasaron un dato: una librería vendía falopa. Yo entré al local. Disimulando, como quien pide cualquier cosa, dije:
—Dame un ejemplar del Martín Fierro, una botella de Fernandito, una caja grande de forros, un manga de Naruto y una muñeca inflable con la cara de De La Rúa.
El librero, sin decir una palabra, me señala una puerta al fondo.
Entro y lo encuentro al mismísimo Guillermo Aquino, rodeado por tantas bolsas de harina colombiana como para revivir a Maradona. Mientras se limpia la nariz me ofrece toda clase de estupefacientes, haciendo énfasis en una mezcla de sustancias que estaba de oferta, a la que llamaba el "especial Marta Minujín". Yo sólo le compré 200 gramos de fafafa, 200 de María y 100 de salame. Le comento que antes de salir también quiero comprar un libro. Guille se caga de risa durante varios minutos.
—Escuchame, pibe. En Argentina no se compra un libro desde hace décadas. Todas las librerías son tapaderas para venta de merluza. Los libros sólo están para mirarlos en los estantes, hacerse el intelectual y seguir de largo. Acá nadie lee. Ya hay un proyecto de ley para reemplazar todos los libros del país por videos de TikTok. A la Constitución Argentina ya la resumieron en cinco videos de treinta segundos.
—¿Pero eso no deja afuera muchos artículos?
—No, sólo incluyen los artículos que realmente se cumplen. De hecho, entró todo en un video. Los otros cuatro son videos de gatitos.
Tal vez me vio muy desilusionado. Será por eso que me invitó a salir ese mismo día. Como había consumido un par de muestras gratis en su local, recuerdo muy poco. Sé que pateamos un par de linyeras, le tocamos el culo a una vieja, entramos a un bar o dos y que escondidos tras unos arbustos nos culeamos algo que parecía ser una mujer.
Desperté al día siguiente en el banco de una plaza, con el culo adolorido y la sensación de haber hecho un amigo.
A Guille no lo volví a ver. Sólo supe de él por sus sketches. Aún hoy, en mis noches solitarias sigo preguntándome: ¿Cómo será el especial Marta Minujín?
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