(Esbozo catártico-autobiográfico de un viaje a Córdoba)
7:40 AM: llego a La Cumbre. Al pasar por una plaza tres perros me siguen. Todos los demás perros de la ciudad ladran a nuestro paso.
7:50 AM: uno de ellos desaparece en el caos de perros amenazantes que se volvió la ciudad.
8:00 AM: los dos perros restantes me acompañan hasta el camping. Empiezo a pensar en ponerles nombre.
8:20 AM: salgo del camping hacia el Cristo Redentor. Los perros no dejan de seguirme. Uno de ellos lleva una pelota de tenis en la boca. No sé de dónde la sacó pero no la soltará en el resto del relato.
8:30 AM: ya les puse nombre: Elmo y Lesto. Lesto es el que carga una pelota. Subimos al Cristo Redentor juntos.
9:00 AM: tomo mate en el Cristo Redentor. Elmo y Lesto juegan con los turistas.
9:20 AM: comienzo a pensar en irme a vivir a un rancho en el monte y llevar ambos perros conmigo.
9:30 AM: mi rancho se llamará Hyrule. Con Elmo y Lesto saldremos todas las mañanas a cazar rinocerontes. La vida será dura pero nos mantendremos unidos por un lazo de amistad tan antiguo como el tiempo mismo.
9:50 AM: Los perros desaparecieron. Estaban boludeando entre los turistas y no los vi más.
10:00 AM: Extraño a Elmo y Lesto. Hemos vivido demasiadas cosas juntos. Nada podrá llenar el hueco que dejó su partida.
10:15 AM: Tal vez Elmo y Lesto nunca existieron. Tal vez he pasado demasiados días recorriendo solo esta provincia y necesitaba unos compañeros de viaje.
10:20 AM: tal vez yo mismo no soy más que una ilusión soñada por un perro en una plaza.
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